2001 / El sueño de Diego Rivera (acción corporal)

Colectiva / Internacional / Obras

La III Bienal de Mercosur, realizada en el año 2001 y curada por Fabio Magalhaes, tuvo entre sus sedes al primer hospital psiquiátrico de Porto Alegre. De este modo, el predio del hospital fue destinado a acoger las obras de intervención del espacio y de performance.

Carlos Leppe fue invitado a realizar una acción de arte en una sala del sector desafectado del Hospital San Pedro.

Leppe mandó a regar profusamente, tanto el piso como los muros de la sala, de grandes dimensiones. Luego, con restos de mobiliario hospitalario (sillas metálicas blancas principalmente) hizo fabricar un soporte estable para colocar una proyectora de diapositivas que debía proyectar sobre el muro mojado la imagen de la fotografía de carnet de su madre, Catalina Arroyo. Esta imagen se reflejaría, luego, sobre el piso de la sala inundado de agua.

Sobre un extremo de la sala, junto a la plataforma que sostenía la proyectora, Leppe dispuso una silla tapizada en terciopelo de color rojo, sobre cuyo respaldo hizo bordar con hilo dorado una hoz y un martillo y junto a ella instaló un micrófono. A un costado, sobre una silla de metal blanco, hizo sentar a un actor con el torso desnudo, pantalones blancos y descalzo.

Junto al trípode del micrófono, Leppe depositó un trozo de hojalata sobre el cual había hecho imprimir toscamente en relieve el titulo de la acción: El sueño de Diego Rivera.

En el piso, junto a la silla de terciopelo, Leppe dispuso una cierta cantidad de fichas de internos –fechadas en los años veinte— que éste había encontrado en un basural en uno de los patios del edificio.

Leppe hizo ingreso a la sala, vestido de un amplio traje de lino color crema, camisa blanca abrochada en el cuello, sin corbata, con un sombrero “Panamá”, que cubría su cabeza. Caminaba con cuidado sobre el piso inundado, descalzo, con los pies vendados.  También se había hecho pegar a su cabellera, como extensiones, dos largas trenzas de pelo, que había adquirido en un mercado limeño, y que ahora descansaban sobre sus hombros y la espalda.

Recogió del suelo unas cuantas fichas de internos y se subió a la silla de terciopelo rojo. Una vez encaramado en la silla y en precario equilibrio, comenzó la lectura de un cierto número de fichas.

Una vez terminada esta lectura, solicitó al actor que estaba sentado a su diestra que se levantara y emitiera unos gritos desgarradores.

Acto seguido, tomó los extremos de las trenzas con sus manos y las arrancó violentamente, con fuerza, hacia abajo, dejándolas caer al suelo sobre las fichas empapadas que permanecían delante de la silla de terciopelo rojo.

Luego hizo ademanes de perder el equilibrio, curvó su cuerpo hacia atrás y comenzó a orinarse en los pantalones. Una vez realizada la micción, y exhibiendo los pantalones mojados, dejó pasar unos segundos y se bajó de la silla.

Finalmente, tomó la silla por el respaldo y caminando con mucho cuidado, abandonó la sala arrastrándola.

Quedó en la sala el actor sentado sobre la silla blanca de metal, las fichas y las trenzas en el piso inundado y la proyección de la imagen de su madre en el muro que enfrentaba a la silla de terciopelo rojo con la imagen de la hoz y el martillo bordada en el respaldo.


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