1987 / La Escuela (acción corporal)

Internacional / Obras

En el año 1987, Carlos Leppe fue invitado de manera no oficial a la III Bienal de Trujillo, Perú.

En el marco de dicha bienal, realizó una acción en una escuela pública de Trujillo. La sala tenía un pizarrón de tiza, sobre el cual se aprecian unos escritos calculadamente borroneados. Abajo del pizarrón, sobre el suelo, se encontraba un montón de tiza blanca. Frente al pizarrón, había una silla escolar, sobre la cual se instaló una gran piedra. Frente a aquella, se encontraba un micrófono puesto sobre un atril. La sala estaba a oscuras, con un foco de luz frontal apuntando al pizarrón.

Leppe entró en la sala vestido con una camiseta, la cual tenía en el lado derecho del pecho dos cruces blancas, y con lentes oscuros pintados de color dorado, impidiendo su visión. En la mano derecha sostenía con una correa un perro quiltro amarrado como si fuese un lazarillo. En la mano izquierda, llevaba una maleta llena con distintos objetos, amarrada con alambres y gomas para que se mantuviese cerrada. Estos objetos incluían cruces, cuatro botellas con agua, pelo, trapos, cenizas y un lavatorio enlozado, el cual iba amarrado por fuera de aquella.

Entra acompañado por el artista peruano Ricardo Vargas, dejó la maleta en el piso y amarró al perro a la pata trasera izquierda de la silla, mientras que el lavatorio amarrado a la maleta accidentalmente cayó al piso. Leppe se sentó sobre la piedra, frente al pizarrón de la sala. Se sacó los zapatos revelando sus pies vendados y manchados con sangre. Dentro de uno de los zapatos, preparó un precipitado con pigmento y agua. Luego, Leppe hizo gárgaras con la pintura dejando que chorreara por su cuerpo y lo manchara. Se subió a la silla sobre la piedra, mostrando los objetos que llevaba en la maleta y relatando el viaje que le había llevado hasta allí. Se acercó al micrófono, sobre el que respiró mientras se escuchaba música de fondo. Tomó aire, respiró y dejó escapar un grito desgarrador. Después se peinó los cabellos con agua, cenizas y pelos. Erguido, comenzó a sollozar al tiempo que se orinaba en los pantalones. Finalmente, fue sacado de la sala de clases con ayuda.


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